El actual modelo de comercio internacional tiene una larga historia: ya estaba vigente en tiempos de las colonias y regía las relaciones entre éstas y las metrópolis.
La primera consecuencia de este modelo es el deterioro de la relación real de intercambio: los precios de las materias primas disminuyen progresivamente respecto al precio de los productos manufacturados, debido, entre otras, a las siguientes razones:
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El aumento de la producción. La gran mayoría de los países del Sur soportan el enorme peso de la deuda externa y se ven obligados a aumentar sus exportaciones para hacer frente a su pago de esta deuda y cumplir a la vez los programas de ajuste del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Con esta política los precios bajan aún más por la abundancia de oferta en el mercado.
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Las materias primas que ofrece el Sur son cada vez menos interesantes en un mercado donde existen productos artificiales sustitutivos. Un ejemplo: a finales de 1997, el Parlamento Europeo autorizó a la industria chocolatera a sustituir hasta un 5% de la manteca de cacao por otras grasas vegetales. Esta polémica decisión originó una reducción en la demanda de cacao y, como consecuencia, un descenso en los ingresos de los países productores, ya de por sí bajos e inestables.
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El mercado de materias primas está liderado por algunos de los países más ricos, que controlan gran parte de la producción a través de grandes y poderosas multinacionales. Unilever domina el 85% de las ventas de té en la India y el 98% del té envasado. En América Latina las exportaciones de plátano, que suponen el 64% del comercio mundial de este producto, están controladas por tres multinacionales: Chiquita, Dole y Del Monte. Estas multinacionales tienen poder para influir considerablemente en el comercio y las inversiones mundiales, fijando precios de forma unilateral en muchos casos y abusando de su privilegiada situación.
En 1964 la "Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo" (UNCTAD) realizó su primera reunión bajo el lema "Comercio, no ayuda". En ella se definieron una serie de propuestas a favor de nuevas relaciones entre los países ricos y los empobrecidos. Las resoluciones, vetadas por ocho de los países más ricos, implicaban, entre otras acciones, la activación de mecanismos comerciales más justos.
Dentro de este contexto surgió el movimiento del Comercio Justo.
A mediados de los 60, algunas organizaciones de apoyo a los países del Sur comenzaron a importar productos de artesanía para venderlos en Europa por catálogo a tavés de grupos de solidaridad. Pero hasta 1969 no se abrió la primera tienda de Comercio Justo, concretamente en Holanda. El primer café de Comercio Justo tardó más en introducirse en Europa: procedía de cooperativas de Guatemala y empezó a importarse en 1973.
En España, las dos primeras tiendas se abrieron en 1986, una en Andalucía y otra en el País Vasco. En 1996 se creó la Coordinadora de Organizaciones de Comercio Justo.
Según el informe anual de 1996 de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el 80% de los intercambios comerciales mundiales se realiza entre países del Norte, un 4% es comercio Sur- Sur, y el resto corresponde al comercio Norte-Sur.
Más de la mitad de los ingresos por exportación de dos de cada tres países africanos y 18 países de América Latina dependen de las materias primas. Africa obtiene más del 70% de sus ingresos por este concepto de tan sólo tres productos, con el café y el cacao en los dos primeros puestos.
El hecho de que las economías de muchos países del Sur se basen en cultivos para exportación tiene otras graves consecuencias:
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la explotación de los trabajadores
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la sustracción de tierra que debería ser destinada a la produción de alimentos y
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la degradación del medio ambiente
Por lo tanto, el sistema comercial actual NO SIRVE. Es necesaria una nueva visión, responsable y sostenible, del comercio. El comercio justo es una alternativa al comercio tradicional en la que comercio y producción están al servicio de las personas. Hace posible el desarrollo de las poblaciones más desfavorecidas del planeta e introduce valores éticos que abarcan aspectos tanto sociales como ecológicos en contraposición al comercio tradicional, en el que priman los criterios puramente económicos. Así, en el Comercio Justo:
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Los campesinos y los pequeños productores de las zonas empobrecidas encuentran un cauce para vivir dignamente de su trabajo.
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Los consumidores obtienen productos de calidad, con la garantía de que se han respetado los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.
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Se recupera el vínculo entre productor y consumidor.
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Se demuestra que es posible hacer compatibles los criterios económicos con los principios éticos.
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